DECLARACIÓN
DE OFICIO.
A
los poetas les llegan facturas de más.
Son
facturas extrañas y dolorosas.
Algunas
de ellas portan pliegues de dulzura.
Ignoran
los poetas lo que les cobran pero saben que le deben.
Más
no tienen con qué pagar, maldicen los costos desaforados, nadie
conoce la extraña moneda exigida.
Entonces
piensan en negociar, en pedir plazos.
Pero,
martirizados y atónitos, por más que buscan no encuentran donde
pagarlas ni a quien.
Los
semiólogos y los detectives no pueden ayudarles, el lenguaje de esos
documentos sólo lo comprenden los poetas.
Más
grave todavía: un poeta jamás logra descifrar los cobros de sus
colegas.
Entonces
en los poetas germina la mala conciencia.
Para
alivianar su peso escriben poemas.
Ése
es su destino y su esperanza.
FLOBERT
ZAPATA.
Filadelfia,
Caldas, Colombia, 1958.
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