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lunes, 13 de enero de 2014

CORTARON TRES ÁRBOLES- ~ FEDERICO GARCÍA LORCA.

Cortaron tres árboles

A Ernesto Halffter.

Eran tres.
(Vino el día con sus hachas.)
Eran dos.
(Alas rastreras de plata.)
Era uno.
Era ninguno.
(Se quedó desnuda el agua.)
Federico García L.

jueves, 19 de diciembre de 2013

ARBOLÉ ARBOLÉ. ~ FEDERICO GARCÍA LORCA.

Arbolé, arbolé
seco y verdé.

La niña del bello rostro
está cogiendo aceituna.
El viento, galán de torres,
la prende por la cintura.
Pasaron cuatro jinetes
sobre jacas andaluzas
con trajes de azul y verde,
con largas capas oscuras.
«Vente a Córdoba, muchacha».
La niña no los escucha.
Pasaron tres torerillos
delgaditos de cintura,
con trajes color naranja
y espadas de plata antigua.
«Vente a Sevilla, muchacha».
La niña no los escucha.
Cuando la tarde se puso
morada, con luz difusa,
pasó un joven que llevaba
rosas y mirtos de luna.
«Vente a Granada, muchacha».
Y la niña no lo escucha.
La niña del bello rostro
sigue cogiendo aceituna,
con el brazo gris del viento
ceñido por la cintura.

Arbolé arbolé
seco y verdé.
Federico García L.

jueves, 12 de diciembre de 2013

ÁRBOLES. ~ FEDERICO GARCÍA LORCA.

Árboles

1919

¡Árboles!
¿Habéis sido flechas
caídas del azul?
¿Qué terribles guerreros os lanzaron?
¿Han sido las estrellas?

Vuestras músicas vienen del alma de los pájaros,
de los ojos de Dios,
de la pasión perfecta.
¡Arboles!
¿Conocerán vuestras raíces toscas
mi corazón en tierra?

Federico García L.

lunes, 4 de noviembre de 2013

POEMAS DE ÁNGEL GONZÁLEZ III.

HOY
Hoy todo me conduce a su contrario:
el olor de la rosa me encierra en sus raíces,
el despertar me arroja a un sueño diferente,
existo, luego muero.

Todo sucede ahora en un orden estricto:
los alacranes comen en mis manos,
las palomas me muerden las entrañas,
los vientos más helados me encienden las mejillas.

Hoy es así mi vida.
Me alimento del hambre.
Odio a quien amo.

Cuando me duermo, un sol recién nacido
me mancha de amarillo los párpados por dentro.
Bajo su luz, cogidos de la mano,
tú y yo tetrocedemos desandando los días
hasta que al fín logramos perdernos en la nada.
De: Breves Acotaciones para una Biografia (1969).

INMORTALIDAD DE LA NADA.
Todo lo ocnsumado en el amor
no será nunca gesta de gusanos.

Los despojos del mar roen apenas
los ojos que jamás
-porque te vieron-
jamás
se comerá la tierra al fin del todo.

Yo he devorado tú
me has devorado
en un único incendio.

Abandona cuidados:

lo que ha ardido
ya nada tiene que temer del tiempo.
De: Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos... (1976)

TODO AMOR ES EFÍMERO.
Ninguna era tan bella coomo tú
durante aquel fugaz momento en que te amaba:
mi vida
entera.
De: PROSEMAS O MENOS (1983).

YA NADA AHORA.
Largo es el arte; la vida en cambio corta
como un cuchillo.
Pero nada ya ahora

-ni siquiera la muerte, por su parte
inmensa-
podrá evitarlo:
exento, libre,

como la niebla que al romper el día
los hondos valles del invierno exhalan,

creciente en un espacio sin fronteras,

este amor ya sin mí te amará siempre.
De: DEIXIS EN FANTASMA. (1992)
Ángel González.

lunes, 14 de octubre de 2013

POEMAS DE ÁNGEL GONZÁLEZ II.

LA LLUVIA.
No; la lluvia no te moja:
te resbala.
Tienes la piel de aceite, amada mía.
Ungida con aceite, perfumada.

Todo lo ha traspasado de ternura
la lengua transparente de las aguas
Un vapor dulce, como el aliento
de un buey, cálidamente exhalan
los árboles.
Gotas largas,
como alfíleres líquidos,
brillan al primer sol de la mañana.

La lluvia que ha mojado tus cabellos
no ha mojado tu cuerpo ni tu cara.
Los cinco poemas de la primera entrega y “La lluvia” hacen parte de Aspero Mundo (1956).

CUMPLEAÑOS DE AMOR.
¿Cómo seré yo
cuando no sea yo?
Cuando el tiempo
haya modificado mi estructura,
y mi cuerpo sea otro,
otra mi sangre,
otros mis ojos y otros mis cabellos.
Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
mis sucesivos cuerpos
-prolongándome, vivo, hacia la muerte-
se pasarán de mano en mano,
de corazón a corazón,
de carne a carne,
el elemento  misterioso
que determina mi tristeza
cuando te vas,
que me impulsa a buscarte ciegamente,
que me lleva a tu lado
sin remedio:
lo que la gente llama amor, en suma.
Y los ojos
-que importa que no sean estos ojos-
te seguirán a donde vayas, fieles.
De: Sin Esperanza, con Convencimiento (1961).

LAS PALABRAS INÚTILES.
Aborrezco este oficio algunas veces:
espía de palabras, busco,
busco
el término hudizo,
la expresión inestable
que signifique, exacta, lo que eres.

Inmóvil en la nada, al margen
de la vida (hundido
en un denso silencio sólo roto
por el batir oscuro de mi sangre),
busco,
busco aquellas palabras
que no existen
-quizá sirvan: delicia de tu cuello ...-
que te acosan y mueren sin rozarte,
cuando lo que quisiera
es llegar a tu cuello
con mi boca
-...o acaso increible sonrisa que he besado-,
subir hasta tu boca
con mis labios,
sujetar con mis manos tu cabeza
y ver
allá en el fondo de tus ojos,
instantes antes de cerrar los míos,
paz verde y luz dormida,
claras sombras
-tal vez
fuera mejor decir: humo en la atrde,
borrosa música que llueve del otoño,
niebla que cae despacio sobre un valle-
avanzando hacia mí,
girando,
penetrándome
hasta anegar mi pecho y levantar
mi corazón salvado, ileso, en vilo
sobre la leve espuma de la dicha.
De: Palabras sobre Palabra. (1965)

LETRA PARA CANTAR UN DÍA DOMINGO.
Y a última hora no quedaba nada:
ni siquiera las hojas de los árboles
-acacias-, ni el viento de la tarde,
ni la alegría, ni la desesperanza.
La caricia que pudo haber rozado
aquella piel, no se produjo porque
aquella piel no era la tuya,
ni los ojos
que me miraban eran
tus ojos, ni el deseo
-que en otro tiempo hubiera sido
suficiente-
renía sentido, desviado
del cauce de ti misma.

A última hora había pasado un día,
y al sentirlo hecho sombra, y polvo, y nada,
comprendí que la luz que había llenado
sus horas,
y todas las palabras
que ocuparon mi boca, y los gestos
de mis manos,
y la fatalidad de mis designios,
y las calles que anduve paso a paso,
y el vino que bebí, y la alegría
de saber que existías en el mismo
instante,
no eran sólo el fracaso repetido
del Día del Señor, sino que eran
un día más sin ti:
comprendí con dolor que jamás, nunca
parra mí habría domingos ni esperanzas
fuera de tu mirada y tu sonrisa,
lejos de tu presencia tibia y clara.
De: Tratado de Urbanismo(1967).

ESO ERA AMOR.
Le comenté:
-Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
-¿Te gustan solos o con rimel?
-Grandes,
respondí sin dudar.
Y también sin dudar
me los dejó en un plano y se fue a tientas.
Ángel González.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

POEMAS DE ÁNGEL GONZÁLEZ.

MUERTE EN EL OLVIDO.
Yo sé que existo
porque tú me imaginas.
Soy alto porque tú me crees
alto, y limpio porque tú me miras
coon buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tu me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...

TRAS LA VENTANA, EL AMOR.
Tras la ventana, el amor
vestido de blanco, mira.
Mira a la tarde, que gira
Sus luces y su color.

La begonia sin olor
sus verdes hoja estira
para mirar lo que mira
tras la ventana, el amo:
la primavera, surgida
del pico del ruiseñor.

MIENTRAS TÚ EXISTAS.
Mientras tú exitas,
mientras mi mirada
te busque más alla de las colinas,
mientras nada
me llene el corazón
si no es tu imagen, y haya
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminado
por una luz -cualquiera...
Mientras
yo presienta que eres y te llamas
así, con ese nombre tuyo
tan pequeño,
seguiré como ahora,
amada
mía,
transido de distancia,
bajo este amor que crece y no se muere,
bajo este amor que sigue y nunca acaba.

ALGA QUISIERA SER, ALGA ENREDADA.
Alga quisiera ser, alga enredada,
en lo más suave de tu pantorrilla.
Soplo de brisa contra tu mejilla.
Arena leve bajo tu pisada.

Agua quisiera ser, agua salaada
cuando corres desnuda hacia la orilla.
Sol recordando en sombra tu sencilla
silueta virgen de recién bañada.

Todo quisiera ser, indefinido,
en torno a ti: paisaje, luz, ambiente,
gaviota, cielo, nave, vela, viento...

Caracola que acercas a tu oído,
para poder reunir, tímidamente,
con el rumor del mar, mi sentimiento.

POR AQUÍ PASA UN RÍO.
Por aquí pasa un río.
Por aquí tus pisadas
fueron embelleciendo las arenas,
aclarando las aguas,
puliendo los guijarros, perdonando
a las embelesadas
azucenas...

No vas tú por el río:
es el río el que anda
detrás de ti, buscando en ti
el reflejo, mirándose en tu espalda.

Si vas de prisa, el río se apresura.
Si vas despacio, el agua se remansa.
Ángel González.

miércoles, 13 de marzo de 2013

POEMAS DE RAFAEL ALBERTI III.

SI MI VOZ MURIERA EN TIERRA.
Si mi voz muriera en tierra
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.


Llevadla al nivel del mar
y nombradla capitana
de un blanco bajel de guerra.


Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento una vela!

RETORNOS DEL AMOR EN LOS BALCONES.
Ha llegado ese tiempo en que los años,
las horas, los minutos, los segundos vividos
se perfilan de ti, se llenan de nosotros,
y se hace urgente, se hace necesario,
para no verlos irse con la muerte,
fijar en ellos nuestras más dichosas,
sucesivas imágenes.

¿Dónde estás hoy, en dónde te contemplo,
en qué roca, en qué mar, bajo qué bosque,
o en qué penumbra de estivales sábanas
o en qué calientes, nórdicas alcobas?

Ha pasado la siesta dulce de los azules
que la ancha isla nos tendió en el sueño.
Venus casi dormida aún, te asomas
al íntimo refugio de los barcos
y toda tú ya cantas como un puerto
amoroso de velas y de mástiles.

Tus cabellos tendidos vuelan de los balcones
a enredarse en la trama delgada de las redes,
a poner banderines en los palos más altos
y un concierto de amor en los marinos aires.

Luego, cuando al poniente retornan silenciosos,
blancos de sales y alas de gaviotas,
pongo en tu corazón desnudo mis oídos
y escucho el mar y aspiro el mar que fluye
de ti y me embarco hacia la abierta noche.

AQUÍ SI YO HUBIERA SIDO CABALLO.
Aquí sí yo hubiera sido
caballo, sólo caballo
junto al río.


Ees tanta la soledad
del hombre y tan grande el río,
que aquí sí yo hubiera sido
caballo, sólo caballo
junto al río.


Ser como piedra encendida
del viento y pacer dormido
sobre el bañado del río,
junto al río.


De pronto, un relincho largo
y un galopar infinito,
para seguir siendo piedra
del viento y pacer dormido
del otro lado del río,
junto al río.

A ERNESTO “CHE” GUEVARA.
Te conocí de niño
allá en el campo aquel
de Córdoba, Argentina,
jugando entre los álamos
y los maizales,
las vacas de las viejas quintas,
los peones...
No te vi más,
hasta que supe un día
que eras la luz ensangrentada;
el norte, esa estrella
que hay que mirar a cada instante
para saber en donde nos hallamos.
Roma 1970.
Rafael Alberti.
 

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