EL
GUAMO.
Amanece
sobre el guamo bañado
De
rocio, un mirlo canta.
Sabor
del tiempo en esta voz
Y
en esas plumas que arden
Sin
consumirse nunca. El mundo
Se
despierta a la tristeza, a sus
Habituales
tareas, insistiendoen
Su
afán de no caer en el olvido.
Pobre
empeño. La voraz boca no
Dejará
sucio ningún hueso.
Y
sin embargo, nadie negaría
La
belleza del día que se abre entre
La
niebla. La humedad y la luz
Besándose
se apartan. Los niños
Se
levantan con sus juegos. Los
Mugidos
de las vacas llenan
De
alegría los establos. Terminan
Los
hombres y las mujeres sus batallas
De
amor. Y el mirlo canta
Sobre
el guamo bañado de rocio.
Mi
corazón lo ve todo desde un
Sueño.
Sé que no soy ni el mirlo
Ni
la mañana que se abre sino el
Tiempo,
que es todas las cosas.
Él
nos une, separandonos.
Mi
gozo es el gozo de sorprender un nacimiento,
La
florescencia de la vida.
Mientras
ese secreto no sea revelado,
No
importa la certeza de ser carne abatida,
Carne
sin tiempo duradero.
LECCIÓN
DE FILOSOFÍA.
Si
el cielo cae
Es
una fruta. Si no cae, un árbol.
Puedes
trepar o devorarlo.
A
tu gusto. Depende de tu esfuerzo.
Pero
no es fruta fácol no árbol cómodo.
Tiene
sus trucos, sus caminos torcidos.
Si
pones tus pies sobre las ramas,
La
madera se hunde.
Si
al mirar la fruta ya la
Tocas,
la poma es paloma
O
mariposa que alza el vuelo.
Así
sucede.
El
cielo es tiempo esquivo.
No
se deja someter.
Pero
nada pierdes si contemplas el árbol
O
la fruta hasta que en tu cabeza
La
selva se haga imagen.
ALBERTO
JOSÉ VÉLEZ OTÁLVARO.
Medellín,
Antioquia, Colombia, 1957.
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