RETRATO DE MI AMADA.
Mi amada no espera de
mí que gane dinero y trepe: prefiere esa otra forma de
ascensión que es
como subir a las terrazas de la infancia, como hundirse en un
sueño.
Mi amada es una nave
enorme de maderas resinosas en la cual me he embarcado
con los animales
mansos y bravíos de mi sangre, con mis pertenencias.
Como un cuervo he
volado fuera de ella, pero no he hallado donde posarme,
Como una paloma he
volado fuera de ella, pero no he hallado donde posarme.
Un granero embrujado es
mi amada: cuanto más devoro su trigo magnífico más crece
mi hambre y el
grano más se multiplica;
Su cuerpo siempre
incendiado me entrega una música inaudible: en su silencio, como
en los rieles,
escucho al tren que nunca llega.
Donde posa su amno se
habre una herida de dolor sulce y lento, brota el agua,
f lorece un
canto.
Sal y azúcar, mi
amada, comunión y ruptura.
Es cal y es arena.
Es como encender la
luz. Es como enender las tinieblas.
Abro muy bien los ojos;
me gusta verla por fuera.
El verla por dentro lo
dejo para cuando no estamos juntos o yo estoy dormido.
JOSÉ LIBARDO PORRAS
VALLEJO.
Támesis, Antioquia,
Colombia, 1959.
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