viernes, 19 de julio de 2013

POEMAS DE JOSÉ ASUNCIÓN SILVA.

Al Oído del Lector

No fue pasión aquello,
fue una ternura vaga...
La que inspiran los niños enfermizos,
los tiempos idos y las noches pálidas.

El espíritu sólo

al conmoverse canta:
cuando el amor lo agita poderoso
tiembla, medita, se recoge y calla.

Pasión hubiera sido

en verdad; estas páginas
en otro tiempo más feliz escritas,
no tuvieran estrofas sino lágrimas.

Los Maderos de San Juan
 
¡Aserrín!
¡Aserrán!
Los maderos de San Juan,
piden queso, piden pan,
los de Roque
alfandoque,
los de Rique
alfeñique
¡Los de Triqui, triqui, tran!
Y en las rodillas duras y firmes de la Abuela,
con movimiento rítmico se balancea el niño
y ambos agitados y trémulos están;
la Abuela se sonríe con maternal cariño
mas cruza por su espíritu como un temor extraño
por lo que en lo futuro, de angustia y desengaño
los días ignorados del nieto guardarán.
Los maderos de San Juan
piden queso, piden pan.
¡Triqui, triqui,
triqui, tran!
Esas arrugas hondas recuerdan una historia
de sufrimientos largos y silenciosa angustia
y sus cabellos, blancos, como la nieve, están.
De un gran dolor el sello marcó la frente mustia
y son sus ojos turbios espejos que empañaron
los años, y que, ha tiempos, las formas reflejaron
de cosas y seres que nunca volverán.
Los de Roque, alfandoque
¡Triqui, triqui, triqui, tran!
Mañana cuando duerma la Anciana, yerta y muda,
lejos del mundo vivo, bajo la oscura tierra,
donde otros, en la sombra, desde hace tiempo están,
del nieto a la memoria, con grave son que encierra
todo el poema triste de la remota infancia,
cruzando por las sombras del tiempo y la distancia,
¡de aquella voz querida las notas vibrarán!
Los de Rique, alfeñique
¡Triqui, triqui, triqui, tran!
Y en tanto en las rodillas cansadas de la Abuela
con movimiento rítmico se balancea el niño
y ambos conmovidos y trémulos están;
la Abuela se sonríe con maternal cariño
mas cruza por su espíritu como un temor extraño
por lo que en lo futuro, de angustia y desengaño
los días ignorados del nieto guardarán.
¡Aserrín!
¡Aserrán!
Los maderos de San Juan
piden queso, piden pan,
los de Roque
alfandoque
los de Rique
alfeñique
¡Triqui, triqui, triqui, tran!
¡Triqui, triqui, triqui, tran!

Juntos los Dos
 
Juntos los dos reímos cierto día...
¡Ay, y reímos tanto
que toda aquella risa bulliciosa
se tornó pronto en llanto!

Después, juntos los dos, alguna noche,

lloramos mucho; tanto,
¡que quedó como huella de las lágrimas
un misterioso encanto!

¡Nacen hondos suspiros, de la orgía

entre las copas cálidas,
y en el agua salobre de los mares,
se forjan perlas pálidas!
Esta noche
solo, el alma
llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia,
por el infinito negro
donde nuestra voz no alcanza,
solo y mudo
por la senda caminaba,
y se oían los ladridos de los perros a la luna,
a la luna pálida,
y el chillido
de las ranas...
Sentí frío; ¡era el frío que tenían en tu alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
entre las blancuras níveas
de las mortuorias sábanas!
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
era el frío de la nada...
Y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada,
iba sola
iba sola
¡iba sola por la estepa solitaria!
Y tu sombra esbelta y ágil,
fina y lánguida,
como en esa noche tibia de la muerta primavera,
como en esa noche llena de perfumes, de murmullos
[y de músicas de älas,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella... ¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras de los cuerpos que se juntan con las sombras de las almas!
¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas!...

Vejeces
 

Las cosas viejas, tristes, desteñidas,
sin voz y sin color, saben secretos
de las épocas muertas, de las vidas
que ya nadie conserva en la memoria,
y a veces a los hombres, cuando inquietos
las miran y las palpan, con extrañas
voces de agonizante, dicen, paso,
casi al oído, alguna rara historia
que tiene oscuridad de telarañas,
son de laúd y suavidad de raso.
¡Colores de anticuada miniatura,
hoy, de algún mueble en el cajón, dormida;
cincelado puñal; carta borrosa;
tabla en que se deshace la pintura
por el tiempo y el polvo ennegrecida;
histórico blasón, donde se pierde
la divisa latina, presuntuosa,
medio borrada por el liquen verde;
misales de las viejas sacristías;
de otros siglos fantásticos espejos
que en el azogue de las lunas frías
guardáis de lo pasado los reflejos;
arca, en un tiempo de ducados llena;
crucifijo que tanto moribundo,
humedeció con lágrimas de pena
y besó con amor grave y profundo;
negro sillón de Córdoba; alacena
que guardaba un tesoro peregrino
y donde anida la polilla sola;
sortija que adornaste el dedo fino
de algún hidalgo de espadín y gola;
mayúsculas del viejo pergamino;
batista tenue que a vainilla hueles;
seda que te deshaces en la trama
confusa de los ricos brocateles;
arpa olvidada que al sonar, te quejas;
barrotes que formáis un monograma
incomprensible en las antiguas rejas;
el vulgo os huye, el soñador os ama
y en vuestra muda sociedad reclama
las confidencias de las cosas viejas!
El pasado perfuma los ensueños
con esencias fantásticas y añejas
y nos lleva a lugares halagüeños
en épocas distantes y mejores;
¡por eso a los poetas soñadores,
les son dulce, gratísimas y caras,
las crónicas, historias y consejas,
las formas, los estilos, los colores,
las sugestiones místicas y raras
y los perfumes de las cosas viejas!

José Asunción Silva.
Nació en Bogotá, el 27 de noviembre de 1865, y murió el 23 de mayo de 1896,
fue un poeta colombiano. Parte de su importancia para la literatura estriba, esencialmente, en haber sido uno de los más importantes precursores del Modernismo, y, según otro sector de la crítica, uno de los más importantes escritores de la primera generación de modernistas. (wikipedia)
 
Fuente: Antología de la Poesía Colombiana.bandera de colombia gif animados DEPARTAMENTOS. GIF

jueves, 18 de julio de 2013

POEMAS DE JORGE ISAACS.


Las hadas
Soñé vagar por bosques de palmeras
cuyos blondos plumajes, al hundir
su disco el Sol en las lejanas sierras,
cruzaban resplandores de rubí.
Del terso lago se tiñó de rosa
la superficie límpida y azul,
y a sus orillas garzas y palomas
posábanse en los sauces y bambús.
Muda la tarde ante la noche muda
las gasas de su manto recogió;
del indo mar dormido en las espumas
la luna hallóla y a sus pies el sol.
Ven conmigo a vagar bajo las selvas
donde las Hadas templan mi laúd;
ellas me han dicho que conmigo sueñas,
que me harán inmortal si me amas tú.


Después de la victoria
I
Con albas ropas, lívida, impalpable,
en alta noche se acercó a mi lecho:
estremecido, la esperé en los brazos;
inmóvil, sorda, me miró en silencio.
Hirióme su mirada negra y fría...
sentí en la frente como helado aliento;
y las manos de mármol en mis sienes,
a los míos juntó sus labios yertos.
II
La hoguera del vivac agonizante:
olor de sangre... Fatigados duermen:
infla las lonas de la tienda el viento:
de centinelas, voces a los lejos...
¡Largo vivir!... La gloria!... ¿Quién laureles
y caricias tendrá para mí en premio?
¿Gloria sin ti?... ¡Dichosos los que yacen
en la llanura ensangrentada muertos!

Ten piedad de mí
 
¡Señor! si en sus miradas encendiste
Este fuego inmortal que me devora
Y en su boca fragante y seductora
Sonrisas de tus ángeles pusiste;
Si de tez de azucena la vestiste
Y negros bucles; si su voz canora,
De los sueños de mi alma arrulladora,
Ni a las palomas de tu selva diste,
Perdóna el gran dolor de mi agonía
Y déjame también buscar olvido
En las tinieblas de la tumba fría.
Olvidarla en la tierra no he podido.
¿Cómo esperar podré si ya no es mía?
¿Cómo vivir, Señor, si la he perdido?


Jorge Ricardo Isaacs Ferrer.
Nació en Cali, República de Nueva Granada, el 1 de abril de 1837 y murió en Ibagué el 17 de abril de 1895. Fue un novelista y poeta colombiano del género romántico. Autor de la novela "María". Jorge Isaacs vivió durante la consolidación de la República.



Fuente: Antología de la Poesía Colombiana.bandera de colombia gif animados colombia mw

miércoles, 17 de julio de 2013

POEMAS DE JULIO FLÓREZ.

Ojos
 
Ojos indefinibles, ojos grandes,
como el cielo y el mar, hondos y puros,
ojos como las selvas de los Andes:
Misteriosos, fantásticos y oscuros.

Ojos en cuyas místicas ojeras
se ve el rastro de incógnitos pesares,
cual se ve en la aridez de las riberas
la huella de las ondas de los mares.

Miradme con amor, eternamente,
ojos de melancólicas pupilas,
ojos que semejáis bajo su frente
pozos de aguas profundas y tranquilas.

Miradme con amor, ojos divinos
que adornáis como soles su cabeza,
y encima de sus labios purpurinos
parecéis dos abismos de tristeza.

Miradme con amor, fúlgidos ojos,
y cuando muera yo, que os amo tánto,
verted sobre mis lívidos despojos
el dulce manantial de vuestro llanto.


Todo nos llega tarde hasta la muerte
 
Todo nos llega tarde ¡hasta la muerte!
nunca se satisface ni se alcanza
la dulce posesión de una esperanza
cuando el deseo acósanos más fuerte.

Todo puede llegar, pero se advierte
que todo llega tarde: la bonanza,
después de la tragedia; la alabanza,
cuando está ya la inspiración inerte.

La justicia nos muestra su balanza
cuando los siglos en la historia vierte
el tiempo mudo que en el orbe avanza.

Y la gloria, esa ninfa de la suerte,
sólo en las viejas sepulturas danza.
¡Todo nos llega tarde, hasta la muerte!


A mi madre
 
Todavía el dolor ara en su frente;
se humedecen sus ojos todavía;
sus ojos ¡ay! donde también el día
radió como en las cumbres del oriente.

Huyen las tempestades de mi mente
cuando los dedos de su mano fría
se hunden, temblando, en la melena mía
y amorosos la erizan blandamente.

Ella es el astro de mi noche eterna:
su limpia luz en mi interior se expande
como el lampo de sol en la caverna.

¡Yo la adoro! La adoro sin medida,
con un amor como ninguno, grande;
¡grande a pesar de que me dio la vida!


Julio Flórez Roa.
Nació en Chiquinquirá, Boyacá, 22 de mayo de 1867 y murió en Usiacurí, Atlántico, 7 de febrero de 1923, fue un poeta colombiano.
 
Fuente: Antología de la Poesía Colombiana.

martes, 16 de julio de 2013

POEMAS DE GUILLERMO VALENCIA.

Hay un Instante...
 
    Hay un instante en el crepúsculo
en que las cosas brillan más,

fugaz momento palpitante
de una morosa intensidad.
 
     Se aterciopelan los ramajes,
pulen las torres su perfil,

burila un ave su silueta
sobre el plafondo de zafir.
 
     Muda la tarde, se concentra
para el olvido de la luz,

y la penetra un don süave
de melancólica quietud,
 
     como si el orbe recogiese
todo su bien y su beldad,

toda su fe, toda su gracia
contra la sombra que vendrá...
 
     Mi ser florece en esa hora
de misterioso florecer;

llevo un crepúsculo en el alma,
de ensoñadora placidez;
 
     en él revientan los renuevos
de la ilusión primaveral,

y en él me embriago con aromas
de algún jardín que hay ¡más allá!...

Los Camellos
 

Lo triste es así...
Peter Altenberg


Dos lánguidos camellos, de elásticas cervices,
de verdes ojos claros y piel sedosa y rubia,
los cuellos recogidos, hinchadas las narices,
a grandes pasos miden un arenal de Nubia.

Alzaron la cabeza para orientarse, y luego
el soñoliento avance de sus vellosas piernas
-bajo el rojizo dombo de aquel cenit de fuego-
pararon silenciosos, al pie de las cisternas...

Un lustro apenas cargan bajo el azul magnífico,
y ya sus ojos quema la fiebre del tormento:
tal vez leyeron, sabios, borroso jeroglífico
perdido entre las ruinas de infausto monumento.

Vagando taciturnos por la dormida alfombra,
cuando cierra los ojos el moribundo día,
bajo la virgen negra que los llevó en la sombra
copiaron el desfile de la Melancolía...

Son hijos del Desierto: prestóles la palmera
un largo cuello móvil que sus vaivenes finge,
y en sus marchitos rostros que esculpe la Quimera
¡sopló cansancio eterno la boca del Esfinge!

Dijeron las Pirámides que el viejo sol rescalda:
"amamos la fatiga con inquietud secreta..."
y vieron desde entonces correr sobre una espalda
tallada en carne, viva, su triangular silueta.

Los átomos de oro que el torbellino esparce
quisieron en sus giros ser grácil vestidura,
y unidos en collares por invisible engarce
vistieron del giboso la escuálida figura.

Todo el fastidio, toda la fiebre, toda el hambre,
la sed sin agua, el yermo sin hembras, los despojos
de caravanas... huesos en blanquecino enjambre...
todo en el cerco bulle de sus dolientes ojos.

Ni las sutiles mirras, ni las leonadas pieles,
ni las volubles palmas que riegan sombra amiga,
ni el ruido sonoroso de claros cascabeles
alegran las miradas al rey de la fatiga:

¡Bebed dolor en ellas, flautistas de Bizancio
que amáis pulir el dáctilo al son de las cadenas,
sólo esos ojos pueden deciros el cansancio
de un mundo que agoniza sin sangre entre las venas!

¡Oh artistas! ¡Oh camellos de la Llanura vasta
que vais llevando a cuestas el sacro Monolito!
¡Tristes de Esfinge! ¡novios de la Palmera casta!
¡Sólo calmáis vosotros la sed de lo infinito!

¿Qué pueden los ceñudos? ¿Qué logran las melenas
de las zarpadas tribus cuando la sed oprime?
Sólo el poeta es lago sobre este mar de arenas,
sólo su arteria rota la humanidad redime.

Se pierde ya a lo lejos la errante caravana
dejándome -camello que cabalgó el Excidio...-
¡Cómo buscar sus huellas al sol de la mañana,
entre las ondas grises de lóbrego fastidio!

¡No! buscaré dos ojos que he visto, fuente pura
hoy a mi labio exhausta, y aguardaré paciente
hasta que suelta en hilos de mística dulzura
refresque las entrañas del lírico doliente;

Y si a mi lado cruza la sorda muchedumbre
mientras el vago fondo de esas pupilas miro,
dirá que vio un camello con honda pesadumbre,
mirando silencioso dos fuentes de zafiro...

Guillermo Valencia Castillo.

Nació en Popayán, Colombia, el 20 de octubre de 1873, y murió en Popayán, Colombia, 8 de julio de 1943, fue un poeta y político colombiano. Fue pionero del Modernismo en Colombia. Además, fue diplomático y candidato presidencial, creador de una poesía pictórica con influencias del romanticismo y del parnacianismo.
Fuente: Antología de la Poesía Colombiana.Bandera Animada Colombia

lunes, 15 de julio de 2013

POEMA DE FRANCISCO ANTONIO VÉLEZ LADRÓN DE GUEVARA

A una dama cariñosa y esquiva

Décimas
Cielo para qué derramas
Sobre mí tus luces bellas
Si solamente son ellas
Incendios con que me inflamas?
Sólo hallo en tus luces llamas
Pues siempre que a verlas llego
Quedo abrasado en su fuego
Quedo a su ardor derretido
Quedo a sus rayos rendido
A sus resplandores ciego.
 
Y con todo estoy de mí
Tan fuera, bella homicida,
Que quiero encontrar la vida
Del modo que la perdí,
Yo muero porque te vi
Y quiero resucitar
Con mirar y remirar
De ese rostro la luz clara
Sabiendo que esa tu cara
Me ha de volver a matar.
Pero quién, aunque perdiera
La luz por llegarte a ver
Se ha de poder contener
Sin acercarse a tu esfera?
Aunque por verte yo muera
No he de dejar de mirarte
No he de dejar de adorarte
No he de dejar de quererte,
Si he de morir de no verte
Moriré por contemplarte.
 
Seré Fénix que en la pira
Donde la muerte recibe
Toma alientos con que vive,
Pierde alientos con que expira.
Ya entre las llamas respira
Ya entre ellas pierde el aliento
Y haciendo entre el fuego asiento
Ya muerto en las llamas yace,
Ya entre las llamas renace
Con un continuo portento.
 
Seré inquieta mariposa
Que por cercar tu luz pura
Halle en ella sepultura
Con una muerte dichosa.
Pues qué muerte más gloriosa
Que morir entre la risa
De ese rostro, bella Elisa,
En cuyo sol abreviado
Y en perfección mejorado
Todo el cielo se divisa?


Don Francisco Antonio Vélez Ladrón de Guevara, nacido en Santafé en el año de
1721 y que falleció después de cumplidos los sesenta, fue un poeta que sobresalió en el género ligero y festivo, aunque la posteridad hasta hace poco lo hubiera ignorado, pues sus versos se atribuyeron a su solemne y grave hermano el canónigo de la Metropolitana, don Miguel, quien fue precisamente el polo opuesto a la desenvoltura y el buen humor de don Francisco.
Fuente: Antología de la Poesía Colombiana.Bandera de Colombia

domingo, 14 de julio de 2013

POEMAS DE HERNANDO DOMÍNGUEZ CAMARGO.

San Ignacio de Loyola

Poema Heróico
Libro Primero-Canto Primero (fragmento) 


BANQUETE
LII
Damascada pensión de los telares,
flamenca Aracnes descogió,
arrogante, entre hilados jazmines y azahares,
no menos blanco lienzo que fragrante.
Muró de crespas garzas, no vulgares,
sus orillas la mesa, en que arrogante,
crestado un lienzo sobre el otro,
hacía entallada de nieve cetrería.
 
LIII
Sol un salero, confusión de estrellas,
desmembrado en sus piezas,
derramaba; y, rayo de oro la menor,
centellas en las nubes de lino fulminaba.
De opimos frutos y de flores bellas,
Amaltea sus cuernos trastornaba sobre los cedros,
que cansados gimen de las grandezas
con que los oprimen.
 
LIV
Rojo penda terliz, ya que no bello,
sobre el pico, ni adunco ni torcido,

o fuelle de zafir sople en su cuello
a su canto, ni arrullo ni gemido,
el ave que, en el hombro o el cabello,

ya del Inca es diadema, ya vestido;
que hospedando en sus arcas al oriente,
voló a la mesa desde el occidente.
 
LV
Mentida Isis en la piel, pudiera
acicalar en Argos el desvelo
de la que el tauro codició ternera,

por darle ilustre sucesión al cielo;
lasciva Parca de las flores era la que
(la luna el cuerno, el sol el pelo)
víctima cayó idónea, y dio la vida
por que pródiga fuese la comida.

 
LVI
Cuantas copias el gallo perezosas
(ceñido de rubí crespo turbante)
si bellas no, crestadas celó esposas,
gran turco de las aves arrogante,
tantas con quejas lamentó amorosas
( torcido el cuello, aun de la más amante)
cuando el estrago, que él lúgubre llora,
el fuego enrubia y el rescoldo dora.
 
LVII
Alma de las arterias de la sierra,
en blandas pieles Dédalo mentido,
aquel que en laberintos mil se encierra
en un taladro y otro que ha torcido
conejo, aun desde el centro de la tierra
espíritus le late al prevenido
can, que lo fía en el convite ileso,
en fe que es suyo el uno y otro hueso.
 
LVIII
Al que la leche le ministra pasto
(desvigorada la nerviosa pluma),
eunuco muere de las aves casto,
pájaro sea plebeyo, alado Numa;
el que el piélago al aire náda vasto,
en los platos es ya tan rara suma,
que al paladar su copia nunca vista
nuevas Indias de gula le conquista.
 
LIX
Aquel a cuya huella aun no vacila,
el jazmín que del aura ha vacilado,
y al ardiente clavel le despabila
las cenizas del alba no violado,
su muerte en el del can dentado Scila
el ciervo halló infeliz: pues, destrozado,

de aquello que le rompe el arrecife,
un plato y otro fue dorado esquife.
 
LX
Alada de dos remos, la barquilla,
halcón a quien dio el remo leve pluma,
de la alcándora absuelta de la orilla,
rompe en región azul nubes de espuma;
no las caladas de su aguda quilla
(garzón del mar) el sábalo presuma
falsear velos o desmentirlas mudo,
que es su garra el arpón que sintió agudo.
 
LXI
Del coso sale, que muró una roca,
a la plaza del piélago espumoso,
toro el atún marino, que convoca
al uno y otro remo perezoso:
cálase al mar el fresno que lo toca,
de un joven impelido así nervioso,
que, borrándole al mar limpios cristales,
es ya, varado, escollo de corales.
 
LXII
Cimiento el plomo, si la corcha almena,
nudoso muro al mar, la red se tiende;
provincias mil de escollos encadena
y ciudadanos mil del agua prende:
ni al de lúbrica piel vale la arena,
ni el de escamas armado se defiende;
que es la mesa teatro, en tanta suma,
del secreto ignorado aun de la espuma.
 
LXIII
El que el arroyo cristalino muerde
bruñido junco, ya oficioso cubre
panal de leche, en su colmena verde,
de la oveja labrado en ubre y ubre,
con quien, helada, por morena pierde
la que ordeñó a las nubes nieve octubre:
canas ésta peinó siempre vulgares,
porque es la leche Adán de los manjares.
 
LXIV
Peinóse hebras de nieve la pechuga
sobre la leche, que templó süave
electro, que la abeja que madruga
a libarlo a la flor, cuajarlo sabe;
o se densa en las llamas, o se enjuga
éste, que, medio leche, medio ave,
centauro es de la gula, en el convite,
del griego el metamórfosis repite.
 
LXV
El cadáver augusto de la fruta
que en bálsamo de almíbar se preserva
en las mesas, al huésped se tributa
en la embebida en ámbares conserva.
Por imán de las tazas se diputa,
cuanto salada más, menos acerba,
en sazón a la sed siempre oportuna,
retaguardia a las mesas, la aceituna.
 
LXVI
Pelicano de frutas, la granada,
herida en sus purpúreos corazones,
su leche les propina colorada,
en muchos que el rubí rompió pezones.
Baco, que la admiró desabrochada,
apiñados le ofrece los botones
en el racimo que cató respeto
al vino de quien es diez veces nieto.
 
LXVII
Hijas del soplo, nietas de la hierba,
las tazas débilmente cristalinas,
y las que el chino fabricó y conserva
en las que pudre al sol conchas marinas,
con las que antigua sucesión reserva,
partos de Ofir en sus primeras minas,
dora el antiguo Baco, aún más precioso
que el cristal puro y oro luminoso.


A guatavita
 
Una iglesia con talle de mezquita,
lagarto fabricado de terrones,
un linaje fecundo de Garzones
que al mundo, al diablo y a la carne ahíta.
 
Un mentir a lo pulpo, sin pepita,
un médico que cura sabañones,
un capitán jurista y sin calzones,
una trapaza convertida en dita.
 
El Argel de ganados forasteros,
fustes lampiños, botas en verano;
de un ¿cómo estáis? menudos aguaceros.
 
Nuevas corriendo, embustes de Zambrano,
gente zurda de espuelas y de guantes,
aquesto es Guatavita, caminantes.
Hernando  Domínguez Camargo.

Hernando Domínguez Camargo (Bogotá, 1606 - Tunja, 1659), sacerdote jesuita y escritor. Influenciado notablemente por el gran poeta barroco Luis de Góngora y Argote, haría parte del llamado Barroco de Indias, en donde también se ubica a Sor Juana Inés de la Cruz. Sus obras más reconocidas son su relato épico Poema heroico de San Ignacio de Loyola (1966) y Ramillete de varias flores poéticas (1967). (wikipedia).
  
Fuente: Antología de la Poesía Colombiana.Bandera de Colombia

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